Concha y Toro

Ania Smolec 14/09/2016

5 características de los vinos chilenos que los hacen únicos

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Hoy gente de casi todo el mundo puede comprar y probar algún vino chileno. Los consumidores valoran mucho su calidad y diversidad. Los invito a conocer 5 aspectos distintivos de los vinos del país más largo y angosto del mundo.

1.  Las raíces históricas

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Parra de Cepa País, Valle del Maule

El gran boom de las exportaciones de vinos chilenos comenzó a principios de la década del 90 del siglo pasado. A partir de entonces todos los países quieren y cuentan con sus etiquetas en las estanterías. Pero la historia de los vinos chilenos no comienza ahí, sino muchos siglos antes.

Para entender bien los vinos chilenos no podemos omitir los viñedos de las regiones de Maule y Bío Bío, donde los conquistadores y misioneros españoles plantaron las primeras parras en el siglo XVI. La variedad más antigua es la País, traída desde las Islas Canarias para producir vino de Misa.

Si viajan al sur de Chile, aún podrán encontrar viñedos de parras muy antiguas, que pueden superar fácilmente los 100 años de edad. Muchas de estas parras se cultivan tal cual lo hicieron esos primeros misioneros, sin alambres ni irrigación. Por eso estas zonas, cuyos viñedos solo reciben agua de lluvia para subsistir, tienen la denominación secano interior.

Hoy esta cepa puede ser parte de una mezcla tinta o un vino como Frontera Specialties País, muy fresco, jugoso y agradable en boca, perfecto para acompañar platos cotidianos o amenizar reuniones entre amigos. Pruébenlo con un clásico pastel de choclo chileno, que combina una rica pastelera de maíz y carne de pollo y vacuno.

2. Frescura del mar

Casillero del Diablo Sauvignon BlancMiren el mapa de Chile: es el país con una de las franjas costeras más largas del mundo. Aunque el paisaje de la costa es diverso de norte a sur, tiene en común la presencia de la corriente de Humboldt y las brisas marinas que refrescan los viñedos. Cuando se juntan las masas de aire caliente con el aire fresco del mar, se forman nubes bajas y brumas que penetran hacia los valles, disminuyendo y suavizando las temperaturas en verano para cosechar uvas con mucho equilibrio y carácter.

En su mayoría las cepas cultivadas en los viñedos costeros son cepas blancas como Sauvignon Blanc, Chardonnay, Viognier o Pinot Grigio. Pero también cepas tintas de cuerpo liviano y mediano como Pinot Noir o Syrah. Cuando vean en la etiqueta denominaciones como Limarí, Casablanca, Leyda o San Antonio, significa que sus viñedos habitualmente se encuentran a no más de 30 km de la playa y poseen todas las cualidades de una zona costera.

En estos vinos esperen encontrar frescura, buena acidez, notas de frutos cítricos y tropicales en los vinos blancos y frutos rojos en los tintos. En varios vinos también se pueden reconocer particulares notas minerales, como piedra húmeda o tonos salinos del aire marino. Un gran ejemplo es Casillero del Diablo Sauvignon Blanc. Con su exquisita y vibrante acidez, este vino es un gran compañero de un clásico plato chileno: ceviche de pescado. ¡No se lo pueden perder!

3. El poder de los Andes

Viñedo Pirque Viejo
Viñedo Pirque Viejo

A través de todo Chile, de norte a sur, corre la magnífica Cordillera de los Andes. Es el hito geográfico más importante del paisaje chileno y gran parte de la vitivinicultura chilena tiene sus raíces en sus suelos graníticos y terrazas aluviales cordilleranas.

La influencia de la cordillera se manifiesta también como un regulador de temperaturas. Provoca un efecto de calentamiento en invierno y primavera, pero lo más importante es el fenómeno de enfriamiento durante los meses de verano. Las parras tienen buenas condiciones en temporada de brotación, cuando necesitan ser protegidas del frío, y en el período de maduración reciben un aire fresco que les permite madurar sus frutos con mucha templanza.

La región andina más reconocida por su calidad de suelos y condiciones climáticas es Maipo Alto, con sus famosas denominaciones como Puente Alto y Pirque.

De los vinos provenientes de los pies de los Andes, esperen la mejor calidad de taninos, intensos, sedosos, redondos y elegantes.

La cepa que responde en forma espectacular a estas condiciones es el Cabernet Sauvignon. Allí sus vinos regalan aromas concentrados, cuerpo firme y mucha frescura. Todas estas características posee Casillero del Diablo Leyenda.  Un vino elegante, sedoso y perfectamente equilibrado. Descórchenlo con una jugosa plateada de carne de vacuno cocinada durante horas.

4.  Innovación y pensamiento enológico

CII
Centro de Investigación e Innovación

Chile es un país joven, con una historia republicana de un poco más de 200 años. Su historia vitivinícola por siglos fue campesina, rural y primitiva. En realidad, solo a partir de la última parte del siglo XIX, con la introducción de variedades francesas, comenzó a dar grandes pasos en términos de desarrollo agrícola, vinificación y producción de vino.

Hoy cuenta con importantes recursos como el Centro de Investigación e Innovación de Concha y Toro, ubicado en la localidad de Pencahue  en el Valle del Maule, donde se materializan más de 50 estudios que buscan, estudian y optimizan el potencial de los terroirs chilenos.

Un significativo ejemplo de desarrollo enológico en Chile es el caso de la cepa Carmenere, que durante muchas décadas era considerada como extinta debido a la plaga de la filoxera que asoló Europa a finales del siglo XIX. El mundo del vino no volvió  a escuchar del Carmenere hasta 1994. Nadie pensó que esta antigua variedad se podía encontrar en Chile. El ampelógrafo francés Jean Michel Boursiquot de la Universidad de Montpellier, expositor del Sexto Congreso Latinoamericano de Viticultura y Enología realizado en Chile, identificó este supuesto clon tardío de Merlot como Carmenere.

No sabemos exactamente cómo ni cuándo el Carmenere llegó a Chile, pero la teoría más aceptada dice que fue transportada desde Francia para los nuevos viñedos. A partir de entonces, y bajo su nombre verdadero, el Carmenere irrumpió en el escenario vitivinícola de Chile.

Concha y Toro, buscando los viñedos más apropiados para esta variedad, descubrió en el Valle de Cachapoal, muy cerca del lago Rapel, el lugar perfecto: la denominación Peumo. Hoy día vinos como Marques de Casa Concha Carmenere, con su cuerpo mediano, tremenda jugosidad y notas especiadas y dulces, están presentes en los restaurantes del mundo. Es un vino muy gastronómico, que acompaña desde picoteos, platos vegetarianos, guisos, sopas, carnes, algunos pescados grasos y sobre todo las famosas empanadas chilenas.

5.  Grandes vinos

Don Melchor ForbesEl portafolio de vinos chilenos es muy amplio, desde vinos cotidianos y muy económicos, hasta vinos finos e incluso verdaderos íconos. Estos últimos cuentan con positivas reseñas y se instalan en lo más alto de los rankings, junto a los mejores vinos del mundo.

¿Qué tiene que tener un vino para que los llamemos grande, fino o inmortal? Entre sus calidades tenemos que encontrar: gran expresión en nariz, fina boca, buena acidez y un extraordinario equilibrio y potencial de guarda. Todas estas cualidades posee un ícono como Don Melchor.

Después de guardar un vino como este en su cava, donde todas las reacciones químicas van ocurriendo muy lentamente, el vino cambia, madura y nos regala otros excepcionales umbrales aromáticos y niveles de complejidad.. Ahí está su gracia. Desarrolla taninos muy suaves, un color más maduro (más cercano al marrón, en el caso de los tintos) y las notas de fruta fresca evolucionan hacia fruta seca, notas terrosas, herbales, de cuero, tabaco y granos de café. Probar un vino ícono es una experiencia única. ¡Inolvidable!

La gracia de los vinos chilenos es su tremenda diversidad. El país es tan largo y variado en términos de geología y climatología que es capaz de producir vinos de calidad de distintos estilos. Miren, por ejemplo, la línea Casillero del Diablo. Cuenta con vinos espumantes, rosados, dulces, blancos y tintos. Cada  persona puede encontrar su vino favorito y moverse de una cepa a otra, dependiendo de la ocasión y comida. Gracias a su naturaleza y gente, los vinos chilenos hablan directamente al corazón e invitan a celebrar la vida.