El origen del brindis

access_time 2018 · 08 · 22

“Tchin tchin”, “Santé”, “Cheers”, “¡Chinchín!”, “¡Salud!” o “Na zdrowie”. Brindamos por nuestra salud y para subrayar el momento. Nadie sabe quién fue el primero en brindar, pero tiene raíces muy antiguas. Los invito a brindar conmigo.

Cada año conocemos nuevos descubrimientos científicos y arqueológicos. Hoy se sabe que los orígenes del brindis se remontan a la antigua Georgia, donde hasta nuestros días sus habitantes protagonizan un largo, divertido y emocionante ritual. Sin embargo, no nos olvidemos de los griegos y romanos. Sin duda, son los grandes maestros del brindis.

El ritual de levantar la copa comenzó en la antigua Grecia. Como podemos ver en la literatura, envenenar una copa de vino para eliminar enemigos era una práctica bien común. Cuando el rey quería asegurar a sus invitados que su vino era inocuo, primero compartían una misma copa. El anfitrión, por supuesto, era el primero en catar el vino.

El mito dice que el ritual de chocar las copas comenzó por las mismas razones. Al hacerlo con entusiasmo, sin mucho glamour, algo del líquido salpicará las copas de ambos comensales.  Compartir el vino se convirtió en un símbolo de confianza y amistad. La evidencia de esto se puede encontrar en “La Odisea”, cuando Ulises bebe a la salud de Aquiles.

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Desde el punto de vista lingüístico, la palabra inglesa “toast” tiene doble y hasta triple significado. Proviene del concepto latino “asado”, pero comúnmente significa “brindis” o “tostada de pan”. No es una coincidencia. Los romanos practicaron el ritual de mojar una tostada de pan quemado en la copa del vino. El intruso mitiga el sabor y textura de un mal vino. Ahora la ciencia lo explica: el carbón realmente reduce la acidez de los vinos desequilibrados.

Además, el espíritu de beber “por la salud” también se lo debemos a los romanos. Ellos le daban tanta importancia a la bebida que en un momento dado el Senado aprobó un decreto que establecía que todos deben beber a la salud del emperador Augusto en cada comida. El libro “La Historia de la decadencia y caída del Imperio romano”, de Edward Gibbon incluso describe una fiesta en la que Atila el Huno se da el gusto de brindar por lo menos tres veces por cada plato.

Aunque el brindis tiene sus raíces en la cultura occidental, en la antigua civilización griega, ciertas culturas tienen sus propias tradiciones, siempre conectadas con los conceptos de celebración y honor. El ritual físico y verbal del brindis puede ser elaborado y formal, pero basta con levantar la copa y entregar un mensaje de buena voluntad hacia la persona o cosa indicada.

El término “Prosit” / “Prost”, utilizado entre los estudiantes universitarios, cuando lanzan la copa lejos luego de beber su contenido proviene de principios del siglo XVIII. “Prosit” es una palabra latina que fue abreviada por los alemanes. El muy francés “Santé” o el polaco “Na zdrowie” también significan “Salud”. Siempre el vino y algunas otras bebidas alcohólicas están asociadas no solo con un carácter festivo, sino con un estilo de vida saludable y a los deseos de una larga existencia.

Hoy no tenemos miedo de beber un vino envenenado. Tampoco tenemos la necesidad de romper nuestras copas de cristal, a menos que celebremos un matrimonio judío. Pero el brindis sí es un ritual simpático y que algunos se han dedicado a perfeccionarlo. A este personaje se le llama “toastmaster”. En Francia e Italia, donde he visitado muchas bodegas, los brindis son realmente interminables, incluso los invitados muchas veces tienen que hacer uso de la palabra para agradecer a los anfitriones. Por suerte, habitualmente son a la hora del postre y los bajativos, cuando ya nuestro apetito está más calmado.

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En general, los brindis se ofrecen en momentos de celebración o conmemoración, incluidos ciertos días festivos, como la víspera de Año Nuevo. Otras ocasiones incluyen celebraciones de jubilación, aniversarios, fiestas de inauguración de la casa o nacimientos. El protocolo para brindar en bodas es siempre muy elaborado. El padre de la novia, en su papel de anfitrión, ofrece regularmente el primer brindis, agradeciendo a los invitados por asistir, ofreciendo recuerdos de buen gusto de la infancia de la novia y deseándoles a los recién casados ​​una vida feliz juntos. El testigo o padrino del novio también suele proponer un brindis a los recién casados. Hay muchas comedias que retratan algunos brindis desastrosos, donde los novios solo quieren desaparecer lo más rápidamente posible y comenzar su luna de miel.

Ni hablar de los brindis en ambientes laborales o despedidas de soltero(a). Muchas veces resulta más conveniente saltarse el ritual que experimentar situaciones embarazosas. Brindar tiene su etiqueta. Nunca debemos hacerlo con una copa vacía. Tampoco bajar la copa antes de que se complete el brindis. Ni brindar sin beber al menos un sorbo. Eso es muy descortés. Lo mismo esos invitados que se creen los “centros de mesa”, que no se pueden aguantar y brindan antes que los anfitriones. Y, por último, no olviden ponerse de pie para que todos nos escuchen fuerte y claro.

A mí me encanta esta tradición milenaria, pero los brindis tienen que ser breves, ingeniosos o emocionantes y, siempre, pero siempre, con un buen vino en la copa.

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